LA INTERCULTURALIDAD: UNA LLAMADA A TEJER UNA CULTURA DE ENCUENTRO, COMUNIÓN Y SOLIDARIDAD (XXV Capitulo General 2019

LA INTERCULTURALIDAD: UNA LLAMADA A TEJER UNA CULTURA DE ENCUENTRO, COMUNIÓN Y SOLIDARIDAD (XXV Capitulo General 2019)

La Hna. María Christina Avalos, sierva del Espíritu Santo de Argentina, compartió su experiencia sobre la interculturalidad, caminando juntos. Debemos salir del miedo, confrontarlos con los colores de la esperanza, crear una cultura de encuentro, construir puentes, una sociedad de comunión. La diversidad está dentro de nosotros y descubrimos que nos lleva a ser capaces de relacionarnos mejor. En nuestras vidas estamos cambiando la forma en que nos sentimos, pensamos… Vivimos en un proceso de transformación. El proceso de transformación es un desafío continuo.

Todo está relacionado, y nosotros los seres humanos estamos unidos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa, entretejidos por el amor que Dios tiene por cada una de sus criaturas y que también nos une en afecto con el hermano sol, la hermana luna, el hermano río y la Madre Tierra”. Laudato Si n. 92

La presencia interrelacionada de diferentes culturas es un gran recurso, siempre y cuando el encuentro entre esas diferentes culturas sea visto como una fuente de enriquecimiento mutuo. Sin embargo, pueden surgir problemas importantes si la sociedad multicultural se considera una amenaza para la cohesión social o una amenaza para la protección y el ejercicio de los derechos de los individuos o grupos. Laudato Si n. 46

La multiculturalidad es la coexistencia de diversas culturas, entre las que se incluyen grupos raciales, religiosos o culturales que coexisten, más por casualidad que por elección, incluso aislados unos de otros. Sin embargo, pueden reunirse en el trabajo o en una celebración sin necesidad de un aprendizaje profundo.

“El multiculturalismo puede abordarse de muchas maneras, desde la indiferencia a la hostilidad, de la tolerancia a la amistad o la sociabilidad a la colaboración. El conocimiento de las características de la sociedad multicultural es un buen trampolín para la comunidad intercultural”.

La interculturalidad se refiere al proceso de traspasar las fronteras culturales para intentar construir puentes entre las comunidades culturales compartiendo, escuchando, aprendiendo y estando abiertas al cambio. Usualmente requiere esfuerzo, intencionalidad y programas de concientización, capacitación y construcción comunitaria

¿Qué es la interculturalidad?

La interculturalidad se refiere a la interacción sostenida de personas criadas en diferentes contextos culturales. Denota un intercambio mutuo entre culturas que puede conducir a la transformación y el enriquecimiento de todos los involucrados. El enfoque se centra en la construcción de relaciones (no en la supervivencia), conexiones profundas, sentido de reciprocidad, interacciones, dones mutuos y respeto, aprender unas de otras, apreciar y trabajar juntas por una causa común.

La interculturalidad significa pasar de la tolerancia de las diferencias a la apreciación y celebración de las diferencias culturales. Este movimiento resulta en la integración, que se manifiesta en la aceptación y la unión con las otras culturas. Al destacar más la singularidad de cada cultura, la interculturalidad hace hincapié en lo que es común entre las personas, lo que mejora el enriquecimiento mutuo, la apreciación y la colaboración que conduce a una mayor transformación.

La realidad del mundo de hoy nos impulsa a tomarnos en serio la diversidad y a comprometernos a una nueva apertura al “otro”, al “extraño”, aquellos que han sido empujados a los márgenes de nuestras comunidades y sociedades. La conversión a la vida y a la misión intercultural nos exige ser amigas de la “diferencia” y estar abiertas a recibir su don.

La diversidad también traerá desafíos a nuestras vidas. Esta conversión misionera es el núcleo de la visión y práctica de Jesús y el fundamento de la Iglesia incipiente cuando se dio cuenta de que “Dios no muestra parcialidad” (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9) porque “no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. (Gálatas 3:28)

Camino intercultural de Jesús

Jesús comenzó a predicar la Buena Nueva en la “Galilea de los gentiles”, una encrucijada para personas de diferentes razas, culturas y religiones. En cierto modo, este contexto es similar al del mundo actual.

El ejemplo de la vida de Jesús nos llama a salir de nosotras mismas, a salir de los escenarios familiares y como él se hizo uno entre los que son diferentes, los marginados, los extraños y los extranjeros. Era de su pueblo y, sin embargo, un extraño para ellos. Jesús fue alguien que vivió en el medio – en mundos y realidades diferentes – perteneciendo a ambos y sin embargo viviendo entre ambos. Era la persona marginal que rompió todas las barreras entre judíos y gentiles, entre hombres y mujeres, entre esclavos y libres.

Nuestras comunidades religiosas, que se extienden por muchas partes del mundo, pueden enriquecer y revitalizar el carisma dado por el Espíritu a la Iglesia, respondiendo a la llamada de ser fieles y creativos en la búsqueda de innumerables maneras de llevar el amor de Dios a cada persona, sociedad y cultura.

En un mundo que necesita sanación, acogida y paz, las consagradas queremos estar abiertas y dispuestas a afrontar con esperanza y alegría los desafíos multiculturales. Queremos desarrollar más consciente, clara y profundamente nuestro sentido intercultural de ser “un solo cuerpo y un solo corazón en Cristo”, fomentando relaciones y encuentros que reflejen el amor y el dinamismo de la Santísima Trinidad.

Para profundizar la enseñanza evangélica, su llamada a la transformación permanente y la promoción de una cultura del encuentro, la comunión y la solidaridad, podemos contemplar el camino y los encuentros de Jesús a través de tres iconos bíblicos que son paradigmáticos para la interculturalidad.

  1. La Mujer Cananea – Escuchar los gritos del otro – Un encuentro transformador – Mc 7:2437; cf. Mt 15:21-28

             2.Jesús y la Mujer Samaritana – Encontrar el punto medio de encuentro con el otro, creando espacios alternativos de encuentro “ambos” (Jn. 4,1-30).

  1. La parábola del Buen Samaritano – Acoger y hacerse amigo del “extraño” – Encontrarse con un corazón misericordioso – Lc. 10,25-37

En este esfuerzo, nuestras congregaciones religiosas pueden unirse y ayudarse mutuamente para tejer un tapiz de comunión, compasión y solidaridad, tanto dentro de las comunidades como en los distintos ministerios.

Con una conciencia más profunda de las bendiciones y desafíos de nuestra vida intercultural, descubrimos que tenemos que aprender, desaprender y volver a aprender mucho a lo largo del viaje. Es un proceso de conversión continuo que nos llama a:

  • integrar las implicaciones de la interculturalidad en nuestros programas de promoción vocacional, formación, vida comunitaria, espiritualidad, liderazgo y finanzas.
  • hacer especial hincapié en el proceso de adquisición de competencias interculturales en la formación inicial y permanente.
  • apreciar como una joya preciosa nuestras diferencias
  • redescubrir la dignidad de la diversidad y celebrarla
  • repensar la forma en que pensamos
  • dejar nuestro enfoque dialéctico -oposicional y exclusivo – correcto e incorrecto
  • adoptar el enfoque analógico -complementario e inclusivo- -encontrar validez en otros/y participar en la co-creación de un mundo donde cada persona pueda encontrar sentido y sentirse aceptada, bienvenida y amada.
  • Vivir la mística del encuentro, que implica “la capacidad de oír, de escuchar, de escuchar a otras personas; la capacidad de buscar juntos caminos y medios”.
  • Vivir a la luz de la relación de amor de las tres Personas divinas (cf. 1 Jn. 4,8), modelo de toda relación interpersonal.
  • Cultivar y promover la “espiritualidad de la comunión”, enraizada en el Evangelio y que nace del vínculo existente entre el amor a Dios y el amor al prójimo.

Estamos llamados a compartir la misma unidad que comparten el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Son Tres en Uno. Como miembros del Cuerpo de Cristo, compartimos esta unidad. “El cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros, aunque sean muchos, son un cuerpo; y así es con Cristo.” (1 Cor. 12:12)

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