Quiénes somos
Historia de la congregación

La Congregación de las Hermanas de María Reparadora fue fundada por Emilia d’Oultremont (viuda de Victor d’Hooghvorst), nacida en Wégimont (provincia de Lieja, Bélgica) y fallecida en Florencia (Italia) en 1878. Cristo-Jesús le reveló su amor y la llamó a seguirle, viviendo la Reparación en unión con María, entregada totalmente a la Persona y a la Obra de su Hijo.

San Ignacio de Loyola y su espiritualidad fueron para ella una fuente de inspiración.
La Congregación nació en 1857 con el establecimiento de la primera casa en Estrasburgo (Francia), gracias al apoyo de Monseñor Raess, Obispo de aquella ciudad. Emilia d’Oultremont, fue religiosa con el nombre de Madre María de Jesús; también sus hijas se hicieron religiosas: Madre María de San Víctor (Olympe) y Madre María de Santa Juliana (Marguerite).

Desde los orígenes, tanto la orientación contemplativa como la dimensión apostólica estuvieron presentes. Las Hermanas de María Reparadora han fundado numerosas comunidades en el mundo. Siguiendo el carisma de su Fundadora trabajan en varios campos, desde la promoción humana a todo lo que conduzca a la profundización de la fe.
La Madre María de Jesús fue beatificada en 1997 por el Papa Juan Pablo II.

¿Quién es esta mujer?

Emilia nace en Wégimont, Bélgica, el 18 de Octubre de 1818. Dotada de una rica personalidad, tiene encanto y voluntad. Su padre es embajador de Bélgica ante la Santa Sede, y Emilia le acompaña en sus viajes a través de Europa. Muy joven, se siente atraída fuertemente por Dios como el absoluto y descubre la persona y la espiritualidad de Ignacio de Loyola.

En ella crece el deseo de la vida religiosa. Pero a los 18 años, siguiendo la costumbre de la época, sus padres le hablan de matrimonio. Después de un tiempo de vacilación, el 19 de Octubre de 1837, contrae matrimonio con Víctor d’Hooghvorst. Es un matrimonio concertado que se va a transformar en un matrimonio de amor y que será bendecido con el nacimiento de cuatro hijos, dos niños y dos niñas.

La vida de Emilia se reparte entre su familia, el servicio a los pobres y sus compromisos sociales. Un día en Roma, en medio de una gran baile, Dios se le revela como el Único. Esto hace brotar en ella la respuesta: “¡Maestro, Tú solo en mi vida!” “A partir de este momento, comprendí que entre El y yo existía una unión que nadie podría romper”.

A los 29 años, Emilia se encuentra viuda y con cuatro niños, entre los 2 y los 9 años, que ella educa con amor. Pero el deseo de pertenecer totalmente a Jesús se apodera más y más de su corazón. En los cuatro años siguientes a la muerte de su marido, fallecen también sus padres. En este momento decide poner a sus hijos en un colegio en Francia y ella con sus hijas hace las gestiones necesarias para establecerse en París; en 1854 sale definitivamente de Bélgica, distanciándose así de su familia. Pero antes de su marcha, una de sus tías le invita a su castillo de Bauffe. Allí le esperaba Dios.

¿Cómo fueron los comienzos?

Desde el principio, Emilia, rodeada de jóvenes de distintas nacionalidades y ayudada por varios Jesuitas comienza una experiencia de vida religiosa.

La primera comunidad oficial se abre en Estrasburgo el 1 de Mayo de 1857. Emilia toma el nombre de “María de Jesús”.

Paralelamente a esta fundación, continúa ocupándose del cuidado y la educación de sus hijos e hijas.

Desde los orígenes, la unidad del grupo se hace en torno a la Eucaristía, vivida en su doble dimensión de adoración y anuncio de la Palabra cuidando un equilibrio entre oración y actividad apostólica.

La congregación continúa

Después de la muerte de la Fundadora en 1878, la Congregación se va a desarrollar rápidamente bajo el gobierno de las Superioras generales. Estas se esfuerzan por mantener intacta la fidelidad a la intuición de la M. María de Jesús.

El Concilio Vaticano II (1960-1964), ha supuesto un giro entre el tiempo en el que la unidad no era imaginable fuera de una estricta uniformidad y el tiempo de apertura al mundo actual.

Como para el conjunto de la Iglesia y de la vida consagrada, el Concilio ha sido un acontecimiento central para las Hermanas de Maria Reparadora. Esto ha permitido sacar a la luz la intuición de los orígenes – Textos fuente y de hacer el “aggiornamento”.

En el Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII hace una llamada a la Iglesia para que abra las ventanas al Espíritu Santo. Las Congregaciones religiosas fueron, pues, invitadas a volver a las fuentes de sus respectivos carismas, a través del Evangelio y de los escritos fundacionales. Las Hermanas de María Reparadora escucharon esta llamada y en los años siguientes profundizaron los distintos ámbitos de la teología, incluida la teología de la Reparación y de la vida religiosa y estudiaron los escritos de su fundadora, Madre María de Jesús. Esto les llevó a una comprensión más amplio de su carisma en las dimensiones de oración y servicio.

Detalles de historia
Emilia d'Oultremont, fue religiosa con el nombre de Madre María de Jesús.
Detalle capilla residencia Universitaria de Panplona
San Ignacio de Loyola