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Introducción

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida. Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Escuchar: Es el primer signo con el que se manifiesta el deseo entrar en relación con el otro. las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia»

Ayunar: Abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

Juntos: Nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común. La conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

(Papa León XIV)

SALMO DEL HOMBRE EN CAMINO

¡Qué alegría he descubierto al sentirme Iglesia!

¡Qué alegría al saber que camino dentro de un Pueblo nuevo!

¡Qué alegría compartir mi fe en ti con los seguidores tuyos!

¡Qué alegría, ¡Señor, caminar como hermanos hacia tu casa!

 

Es bello caminar todos unidos, como un solo hombre;

es suave avanzar apoyado en el hombro de mis hermanas y hermanos;

es dulce compartir los gozos y las alegrías en grupo;

es hermoso hacer de nuevo el camino con las manos entrelazadas.

 

Nuestros pies, Señor, se han puesto e marcha y tu Espíritu es su aliento;

nuestros pasos, Señor, están guiados por tu Palabra.

Ante nosotros se abren las puertas de una nueva Humanidad;

y se llena el corazón de gozo a medida que el Pueblo avanza.

 

Con tu Iglesia, caminamos dejando huellas en la Historia;

vamos subiendo contigo, tomando parte en tu destino: la Cruz;

dejamos a nuestro paso semillas profundas de tu Evangelio.

Alienta nuestra marcha; anima nuestro peregrinar. Señor…

 

Por amor a todos los hombres, Danos tu amor.

Por amor a los que sufren a los que lloran danos tu compasión.

por amor a los humildes y oprimidos danos valor para la lucha por la igualdad.

por amor al débil, al niño, al enfermo, al indefenso

danos el don de la fe, la esperanza y la caridad.

 

Unidos a la iglesia como hermanos, hijos del mismo Padre

nos comprometemos, a trabajar por la paz y la justicia….

Danos un corazón como el tuyo:

verdaderamente pobre, limpio, transparente, compasivo y justo, manso y humilde…

Solo así seremos dignos de vivir trabajando por en tu causa:

“Que todos y todas disfrutemos de la vida en paz aún en medio del sufrimiento humano.

Hoy reafirmamos nuestra convicción de que

la fraternidad es más fuerte que el fratricidio;

que la esperanza es más fuerte que la muerte;

Y que la paz es más fuerte que la guerra”

Porque TÚ, PADRE BUENO, alientas nuestros trabajos y luchas

por una mundo más justo, más bello, más humano…

Gracias ¡Padre!…

 

Monición a la lectura: La lectura de Isaías 58, una vez más, nos llama a convertirnos a los “gustos de Dios “. En ella se nos habla del sinsentido de hipocresía… de personas sin techo, ni amor de hogar… y de los frutos de la fraternidad solidaria…  “Hablar de emigrantes es hablar de hombres, mujeres y niños erradicados de su tierra, y no por una vocación divina como Abraham (Gen 12,1), sino por el hambre como Elimélec (Rut 1, 1-2), o por la violencia de los poderosos como los deportados, exiliados y esclavizados de todos los tiempos. Hablamos de hombres, mujeres y niños echados de sus hogares, apartados de su cultura, desplazados de su mundo.


Lectura Is. 58, 5-12

¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh?

¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, ¿y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?

Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá. Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy.» Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad, repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.

Te guiará Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan. Reedificarán, de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos frecuentados.

Compartición

Magníficat

Padre nuestro

 

Oración Final

 Ayúdanos, Señor, a mirar el Mundo siendo conscientes de que tu lates en Él

y de que imperceptiblemente vas poniendo luz y sueños en cada vida.

Tu nos invitas a dejarnos transformar en este tiempo de Cuaresma

ofreciéndonos la fuerza de tu Espíritu para que renueve nuestros corazones.

Así facilitaremos la realización de tu plan sobre nosotros:

” Hacernos hijos en el Hijo, hermanos en comunión solidaria y festiva;

porque a todos y todas alcanza la abundancia de vida…

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor