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Los días 28 de febrero y 1 de marzo se han celebrado las Jornadas de Justicia y Misión 2026 de la CONFER en Sedes Sapientae, en Madrid. Hemos participado las hermanas Julia Esteban de forma online y María Luisa Antolín de forma presencial.

La jornada del sábado comenzaba con una oración, para entrar en el  encuentro con el Señor y a poner nuestras esperanzas e inquietudes en manos de Dios, que se revela en el clamor de los pobres, en los más vulnerables.  Se nos invitaba a revisar nuestra propia mirada para preguntarnos cómo nos estamos situando ante el dolor del mundo.

A continuación, el secretario general de la CONFER, Jesús Miguel Zamora FSC, inauguró las jornadas. Vivimos en el contexto de una sociedad marcada por la agresividad, los enfrentamientos ideológicos, las guerras que olvidamos demasiado pronto y decisiones políticas que hacen sufrir a los más vulnerables. “Hay muchos que ven, pero no miran”. Mirar implica detenerse y aceptar que la realidad del otro puede alterar nuestra vida y cuestionar nuestras seguridades. Lo importante es volver a mirar a los ojos de Dios, un Dios que no es indiferente, que conoce el dolor y que se conmueve.

Nuestra misión debe ser encarnada. Conmovernos es dejarnos tocar por el clamor del mundo. (Ex. 3,2-5). Aquí estamos, Señor, enséñanos a cuidar y a caminar con los últimos.

Nos hablaron de

El Dios que se conmueve y nos mueve.  ¿cómo reaccionamos ante el sufrimiento de los demás? Detrás de cada dato hay personas concretas y el modo en que leemos las cifras de pobreza, exclusión o migración determina nuestra respuesta. No es lo mismo analizar desde la distancia que hacerlo desde la conmoción, porque esta no es debilidad emocional, sino una fuerza que llama y moviliza y, sin ella, el riesgo es caer en una mirada anestesiada. Según la reflexión de la periodista Leila Guerrero, quien afirma que lo que necesitamos es indignarnos. Actualmente nuestra sociedad tiene la mirada distraída, dirigida, condicionada… la importancia de ser como el buen samarito y no dar un rodeo ante la realidad: al verlo se conmovió, se compadeció. Jesús ante la viuda de Naín se compadeció. (Lc. 7,12-13) Ante esto, recuperar una mirada justa y compasiva es, para el creyente, una cuestión de fe. En la oración aprendemos a pausar la mirada y, al acercarnos a las periferias rompemos la burbuja que nos protege del dolor ajeno. Como creyentes debemos actuar según la justicia que no surge de una mera indignación ética (un noble acto moral) sino de la “sintonía” con un Dios justo y misericordioso (una acción mística)

Conocer la aporofobia, primer paso para afrontarla” Aporofobia : es el rechazo al pobre, una mirada distorsionada hacia el otro.

Nuestra sociedad no rechaza al extranjero por ser extranjero, sino al pobre por no poder ofrecer nada en una lógica de intercambio. Ya que, por ejemplo, el turista sí es bienvenido a nuestro país, pero no lo es el migrante por el hecho de no tener recursos. Esta dinámica engloba también otras realidades: la persona sin hogar, el toxicómano, la anciana olvidada, incluso quien siempre necesita ayuda y no puede devolver favores… La aporofobia no es solo un fenómeno económico, sino que también tiene raíces culturales y sociales. Combatirla exige transformar el contexto y educar la mirada para reconocer el valor inherente de cada persona, más allá de su utilidad.   Debemos crear un contexto social que promueva la igual dignidad.

Presta a quien no devolverá, invita al que no puede corresponder. Lc.6,32-35; Lc. 14. 12-14. Reconocer el valor inherente como hijos de Dios. Escuchar, recordar, mirar, comprender desencadena la acción compasiva. Hay que pasar de la mirada al encuentro. Usar la lente del evangelio

Debemos transformar nuestra mirada hacia el otro. Donde el mundo ve una amenaza la Iglesia ve hijos (Dilexi Te n.75)

IX Infrome FOESSA realidad de la pobreza en España y sus consecuencias. La desigualdad es un elemento que está generando situaciones de pobreza y cómo debemos implicarnos para conseguir generar un cambio de rumbo invitándonos a poner en el centro la importancia de los cuidados. La Guía no es un inventario, es un espejo, Lo que hacemos revela dónde ponemos el corazón. La cercanía como opción, no como estrategia. Es estar donde la vulnerabilidad persiste

Comunidades acogedoras y misioneras. Comunidades de Vida, lugares en los que dos, tres o cuatro religiosas de la misma o diferente congregación, viven y acompañan a las personas que pertenecen a los diferentes proyectos que tienen en marcha, tanto en las cuestiones cotidianas como espiritualmente, para que puedan alcanzar sus sueños. Trabajando  juntos por el desarrollo humano integral

Las personas migrantes son portadoras de esperanza para las comunidades que los reciben. El futuro de la sociedad y de la Iglesia en España pasa por la plena incorporación de las personas migrantes. Las personas migrantes están dando un nuevo rostro tanto a la sociedad en general como a la Iglesia en particular.

La integración, que no la asimilación de las personas migradas en la Iglesia, es uno de los signos de los tiempos eclesiales más claros, trabajando juntos por el desarrollo humano integral. Debemos ver la migración como un signo de los tiempos (Kairós), haciendo una pastoral con migrantes y no para migrantes, en comunidades acogedoras, integradoras y misioneras en cercanía, participación, fraternidad, en diálogo ecuménico e interreligioso.

«En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas” Migrantes, misioneros de esperanza’ (León XIV)

Los destinatarios son las vulnerabilidades que son múltiples y simultáneas, no atendemos categorías, acompañamos vidas.

La presentación de la guía de recursos social nos introdujo en la realidad de la entrega de la vida consagrada No miramos datos: discernimos una misión

Intercongregacionalidad, pasar del proyecto propio a la misión compartida.

Interinstitucionalidad, trabajar en red, colaborar sin perder el alma.

Nos podemos preguntar:

¿Dónde ponemos nuestra energía? ¿Qué realidades emergentes estamos llamadas a atender? ¿Hay que acompañar necesidades o procesos de vida? ¿Estamos donde más se nos necesita? ¿Dónde arde Dios en el clamor del pobre?

 Estas jornadas concluyen con la convicción de que la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza, es necesario educar la mirada, dejarse conmover y a traducir la compasión en gestos concretos.